viernes, 26 de septiembre de 2008


Nunca hay que subestimar el poder de nuestras acciónes. Con pequeños detalles podemos cambiar la vida de una persona. Ya sea para bien o para mal. Dios nos pone en la vida de otros para impactar unos a otros de alguna manera. Busca lo bueno en otros siempre.

Me gusta la sensación
de libertad que siento
cuando me quito la pesada
capa de críticas, miedo,
culpa, resentimiento
y vergüenza.
Entonces puedo perdonarme
a mi y perdonar a los demás.
Eso nos deja libres a todos.

Renuncio a darle vueltas
y más vueltas
a viejos problemas.
Me niego a seguir viviendo
en el pasado.
Me perdono por haber
llevado esa carga
durante tanto tiempo,
por no haber sabido
amarme a mi
ni amar a los demás.

Cada persona es responsable
de su comportamiento.

Así pues no necesito
castigar a nadie,
todos estamos sometidos
a las leyes de
nuestra propia conciencia,
yo también.

Continúo con mi trabajo
de limpiar las partes
negativas de mi mente
y dar entrada al amor.
Entonces me curo.